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martes, 6 de diciembre de 2011

Algunas consecuencias que hoy enfrentamos heredados del Periodo especial.

Por. Maximiliano Placido

En la etapa que abarco el llamado “período especial” era imposible que surgiera la articulación del nuevo proyecto económico y social de la revolución, sino que su esfuerzo se centro en la suma de medidas de supervivencia, estos éxitos hay que medirlo por haber satisfecho este objetivo, de por sí un logro muy importante, a pesar de algunas consecuencias indeseadas que hoy enfrentamos.
En el  recién finalizado VI Congreso del PartidoCominista deCuba, quedo aprobado los lineamientos de la política económica y social de la revolución y el propósito de actualizar “nuestro modelo económico socialista”, que garantice la inserción de Cuba en el actual escenario internacional y proyecte sus directivas estratégicas.
Uno de los  problemas básico a solucionar, es recuperar la capacidad de la economía para satisfacer las expectativas generadas por el desarrollo humano resultante de la práctica social revolucionaria, teniendo siempre en cuenta que la Revolución ha creado un potencial humano que sus condiciones económicas impiden absorber a plenitud, para articular un nuevo consenso respecto a la forma de lograrlo. Lo más interesante no es solamente superar la situación de las personas respecto al pasado capitalista, sino de superarse a sí mismo, y en ello consiste el principal reto.
Son múltiples los obstáculos que tenemos que superar. Algunos son de origen externo, y que la Revolución no puede transformar por sí misma y necesariamente tiene que adaptarse a ellos; como tener que funcionar en un orden mundial determinado por el mercado capitalista globalizado, las limitaciones que le impone el bloqueo de Estados Unidos, algo que comúnmente pasan por alto o subestiman muchos que analizan la realidad cubana. También enfrentar los problemas internos, no solo económicos, sino políticos e ideológicos, consustanciales a las constantes transformaciones que requiere el propio proceso socialista.
Pienso que una crítica objetiva a las medidas refrendada por el VI Congreso es aquella que parte del análisis de su eficacia para satisfacer los objetivos y metas que se formulan y, estas, pueden ser enmendadas, pero resulta inadecuado evaluarlas a partir de falsos dogmas en relación a la naturaleza del socialismo o desde una posición que pretenda compararlas con modelos capitalistas que no tiene nada que ver con el propósito de las mismas.
En estos momentos lo más importante, es analizar cómo la implementación del sistema económico es capaz de crear las condiciones materiales que hagan posible el proyecto socialista. Pero, más importante aún, es que estas medidas respondan a una voluntad colectiva y la mayoría se sienta identificada con el proyecto, considerándose y siendo actores del mismo.
Por tanto, su efectividad no solo se decide en la calidad de su diseño, es también en la política que las promueva para contribuya al desarrollo de la cultura que requiere el socialismo. Solo de esta manera podrá avanzarse en la solución de los problemas históricos del proceso: el no haber logrado la conciliación entre la propiedad social y la necesaria conciencia social que requiere alcanzar para este tipo de propiedad.
Crear en el imaginario social la condición y aceptación como “dueño” en el socialismo, en este sistema no puede ser lo mismo que sentirse un nuevo capitalista y actuar como ellos. En este empeño para obtener un resultado satisfactorio es necesario un constante perfeccionamiento de la democracia socialista, y que tiene que ser legitima y autentica, y no puede siquiera parecerse a las democracias a estilo accidental, que se ha mantenido a costa de la explotación del hombre por el hombre.

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